Muchas
personas desconocen que la educación para adultos existe. También ignoran que
esta modalidad educativa comienza desde los 10 años. Si te interesa el tema, te
invito a leer mi colaboración en TodoMePasa.
jueves, 27 de abril de 2017
sábado, 25 de marzo de 2017
Acosos. La voz sexy de la radio. Pte 5
Gabriela
Vives es periodista, escritora,
productora audiovisual, locutora, consultora de imagen pública y media training
de acuerdo con su perfil en Twitter. Llevo un par de años escuchando sus participaciones en el programa radiofónico Charros vs Gánsters que se transmite de lunes a viernes por MVS Radio. No hace mucho la comencé a seguir
en esa red social pero hasta hace unos días me atreví a interactuar con ella
después de un tuit que repliqué:
“Lo confieso: Me enferma que gente extraña me quiera hacer
platica en la calle... peor si se les ocurre hacer preguntas personales. #Grinch” @AGabrielaVives - 24 de marzo
Cometí la
tontería de publicar: “Se acaba de derrumbar mi admiración por ella”,
y casi de inmediato me respondió: “¿Por?
La verdad sí es bien incómodo ir a comprar a una tienda o a tomar algo y que no
falte el cuate que quiera ponerse a ligar.”
Me detuve un poco y pensé. Le hice saber que soy de esos que buscan la charla a la menor
provocación. Hablo hasta con el perro, escribí. Enseguida, Gabriela me confió a través de varios tuits lo que ha tenido que padecer con los acosadores
ya sea en la fila del Oxxo o en el supermercado. Desde sujetos que se tropiezan
accidentalmente detrás de ella hasta los avezados que se atreven a seguirla.
Las propuestas que le hacen van desde invitaciones para acompañar a alguien a
su casa hasta una donde la quisieron lanzar como modelo.
Durante
algunos minutos compartimos tuits relacionados con el acoso. Bromeé
respecto a mi apariencia física y ella propuso invitarme a espantarle a los
acosadores. Me arrepentí de mi publicación y sin ahondar más en el asunto
reafirmé mi admiración por la voz más
sexy de la radio. Con ese comentario pusimos fin al tema y a partir de ahí
hemos tuiteado acerca de la sequía ganadora del Cruz Azul y la salud José José.
Antes
de dormir repensé la situación: el acoso hacia las mujeres lejos de detenerse
parece vivir un auge. Sus diversas formas se aferran a conductas que los varones insistimos en hacer ver como normales. ¿Normales? Claro que no, cuando menos eso es lo que opinan muchas mujeres. Sin embargo la educación de nuestra sociedad todavía valida muchas de esas acciones que tendrían que erradicarse. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo enfrentar este problema? ¿Los varones quieren entrarle desde ahora o tendrán que pasar varias generaciones para lograrlo?
viernes, 24 de marzo de 2017
Acosos. Bullying y acoso. Pte 4
“Si por las mañanas me veo al espejo y me
digo gordo y guapo, ¿me estoy buleando y acosando?” La pregunta me surge
mientras me pongo la ropa frente al espejo. Mi obesidad será tratada en alguna
entrega posterior, lo prometo. Me resulta complejo sustraerme a lo ocurrido en los
días anteriores aunque esta mañana mis pensamientos tienden al humor. Reparo en
que el asunto no puede ser gracioso cuando el acoso parece multiplicarse
cotidianamente. Decido colocar mi pregunta en Facebook como un ejercicio que de
antemano sé, no encontrará respuestas serias.
Casi
de inmediato Sara(1), una mujer interesada en temas de violencia de género,
responde: “depende el gesto y el tono que uses”. Ivonne(2), una pedagoga cuya
misión personal consiste en formarse y educar en temas de equidad, la secunda: “si
diste tu consentimiento no es ninguno.” Vale acotar que ambas son estudiosas
del derecho y aunque no temen bromear al respecto siempre se toman un momento
para mover a la reflexión. Sus respuestas me sitúan en la cordura y decido
compartir con ellas lo ocurrido en los días pasados. Mientras releo sus réplicas
caigo en la cuenta de cómo la sociedad nos ha educado en ese dinámica volviendo
el acoso algo normal. Creo que la mayoría de las hombres hemos caído en conductas
acosadoras sin tener plena conciencia que lo que hacemos no corresponde con la
normalidad de una sociedad que busca eliminar muchos tipos de violencia entre
ellas la de género. Habrá mujeres que repliquen esta aseveración afirmando que
sabemos a la perfección que lo que hacemos no es normal.
Días
antes, Karla(3), otra amiga estudiosa de la violencia de género y el feminismo, me
compartió algunas apreciaciones con respecto al “caso Plaqueta”. A continuación
enlisto algunos de sus comentarios:
- Ya no es (ni nunca ha sido) cool/chido/bonito/políticamente correcto molestar/chulear/lanzar piropos a las mujeres. Dar tu opinión/asombro cuando nadie te pregunta, no está bien.
- Esta supuesta "admiración por la belleza" e incluso, la asignación de lo que es bello o no, pasa por una relación de poder. Quien designa lo que es bello se instala en lo "alto" de la escala.
- La mujer como la representación máxima de la bella, una denominación propia de nuestras sociedades modernas, es otro adorno más a la armadura que se les pone a las mujeres como "seres para otros". "Que sean bellas, porque inteligentes no pueden ser..."
- Se legisla para "abolir" estas prácticas de machismo... Pero no se gana nada, porque ya lo han dicho varios especialistas en las ciencias sociales: nada pasa si se da en individual. Lo fuerte sucede en colectivo, a nivel social.
- Por eso "choca" el caso de la denuncia.
- Y es "legal" (se refiere a la denuncia) porque es un derecho defenderte con "las leyes".
- Pero como diría Lipovestky, las relaciones humanas no pueden estar reguladas a cada paso por leyes.
- Es odioso porque se ha tenido que recurrir hasta el marco legal para defenderse. Pero no hay solución al conflicto.
- Pienso con Lipovestky que es necesario el empoderamiento de las personas para marcar límites, para decir lo que no les gusta, para no dejarse sin tener que llegar hasta los tribunales. Así se crece, se suma a la conciencia del sí. Además, que se deja de ser víctima, para ser agente. "Porque puedo" decido decir “no me parece que me molestes.”
- Lo ideal sería que los varones también aplicarán el "calladito me veo más bonito" y que las mujeres irrumpieran en los espacios públicos con mayor seguridad.
Las
palabras de Karla siempre son luz cuando me siento confundido en temas de
equidad de género. De alguna manera ella me ha enseñado más que todos los
cursos juntos a los que me han enviado para capacitarme en relación a este
tema.
1. Sara Ayala Juárez.
2. Ivonne Martinez.
3. Karla Santamaría.
1. Sara Ayala Juárez.
2. Ivonne Martinez.
3. Karla Santamaría.
jueves, 23 de marzo de 2017
Acosos. Desde la banqueta. Pte 3
Desde
hace meses la escuela ha sido invadida por un grupo de jóvenes cuya única
misión ha consistido en apropiarse de la banqueta, la entrada y la escalinata
del edificio. Respeto su derecho a no estudiar pero no comparto su idea de
apropiarse de los espacios de quienes sí quieren hacerlo.
Su
presencia se convertido en un lastre que ha afectado la proyección de la
escuela al grado que hay vecinos que han pedido el cierre del edificio o que éste
sea destinado a otras actividades para un tipo de población diferente a los
jóvenes. Afortunadamente la petición no ha prosperado. Y si bien, quienes
tenemos relación con esa escuela estamos consientes que la venta de drogas al
interior y exterior de las instalaciones se ha disparado en los últimos años y
que la ingesta de bebidas alcohólicas es alentada gracias a un expendio de
cerveza que está justo enfrente y que luego de un par de años de clausura hace
unos días reabrió sus puertas, también sabemos que es uno de los pocos espacios
donde los jóvenes en condiciones de rezago pueden retomar y concluir sus
estudios. Sin embargo hace años que las autoridades de Naucalpan, sin distingo
de partido en el poder, le han dado la espalda a este centro comunitario que
otrora se distinguía por el reconocimiento de la comunidad pero ahora los
vecinos prefieren evitarlo.
Desafortunadamente
este grupo de jóvenes se ha empecinado en tender sus fueros para convertir un
centro educativo en un club social donde no hay autoridad que pueda ponerles un
freno. Su actitud pendenciera ha marcado el actuar de los profesores y los
mismos estudiantes.
Es
medio día y ni siquiera el calor logra hacerlos abandonar la banqueta. Como
cualquier día la calle se encuentra atestada de estudiantes que salen y entran
simultáneamente de la Preparatoria Oficial número 323, cruzándose
intempestivamente con los del Centro Comunitario que se encuentra enfrente. El
olor a mariguana quemada inunda el ambiente. Los chiflidos acrecientan la
algarabía y los calificativos se escuchan a grito pelado y sin recato indicando
que alguna mujer ha llamado la atención de la pandilla.
Me
asomo por la ventana y aguzo la mirada para distinguir a un par de chicas que
caminan en dirección a San Bartolo. Una de ellas viste un short y una blusa
escotada apropiada para el clima que resulta abrasador. Su acompañante porta un pantalón ajustado y playera de tirantes muy
ceñida. Uno de los jóvenes que diariamente se plantan en la banqueta se levanta
y corre hacia las chicas quienes al verlo se sorprenden. El sujeto, un gordo
con ropa estrecha, insiste en hacerles compañía. Las chicas intentan evadirlo
pero él se muestra insistente. Ellas ignoran sus palabras y aceleran el paso
para cruzar la calle. Al no lograr respuesta a sus palabras el joven voltea hacia
sus compañeros y grita: “se cotizan las morras” y como respuesta dos jóvenes
abandonan la banqueta y corren a apoyar a su compañero. De pronto las muchachas
se detienen, parecen decirles algo a los jóvenes que se limitar a reír
escandalosamente como burlándose de ambas chicas. Ellas logran evadir la
muralla que con sus cuerpos han impuesto los tres jóvenes y corren. Uno de
ellos pretende darle una nalgada a una pero al no lograrlo se vuelve la burla
del resto de los muchachos. Algunas de las jovencitas que suelen acompañarlos
también festejan la (no) gracejada de sus amigos.
A
mi costado, un profesor no pierde detalle de la acción. Le pregunto si no
piensa hacer algo. Mueve la cabeza para indicar que no hay nada que él pueda
hacer a menos que una autoridad diferente a la escolar se atreva a hacerlo.
Tras pensarlo unos minutos me retiro arrastrando impotencia.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Acosos. Muy conocida. Pte 2
La
quietud de la escuela se rompe cuando una maestra pasa frente a un salón de
preparatoria. Un chiflido aislado encuentra eco en la estupidez adolescente y
se generaliza armando un alboroto que el profesor al frente del grupo evita
contener. Alguien grita una palabra que se replica en diversos sinónimos que
hacen alusión al cuerpo de la maestra y cuyos pasos se han silenciado al
descender la escalinata.
-
¡No
mames! ¿A poco te gusta esa pinche flaca? –grita una voz femenina perdida en el
anonimato–. Yo tengo más chichis y más nalgas que ella.
-
Pero
tú ya estás muy conocida...
La
carcajada es general.
Las
pisadas de la maestra vuelven a hacer eco en la escalinata. De nueva cuenta se
escuchan los chiflidos y las palabras que ni por asomo pueden considerarse
piropos. El profesor se encuentra metido en su teléfono celular. En mis años de
escuela aquello hubiera sido impensable cuando menos hacia una maestra.
Entonces, no dudo que ella hubiera hecho valer su autoridad para apagar la
euforia y de paso para poner en orden a los provocadores. Aquí eso es
impensable. Le pregunto por qué su indiferencia y me dice que prefiere evitarse
problemas con los muchachos.
En
los últimos años las escuelas deben incluir programas de prevención a la
violencia de género. Si eso existe en esta escuela me temo que ha resultado un
rotundo fracaso.
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